LA PARTÍCULA DE DIOS
La partícula de Dios, como muchos la denominan, la partícula más pequeña, la figurita difícil, aquella que la física cuántica encontró, el bosón de Higgs, justifica la existencia de masa, pero siempre hay más.
Nunca se va a encontrar la última partícula asociada a la materia porque no es física. No está en las dimensiones físicas, la única dimensión que comparte es el tiempo. Las otras dimensiones no son las que corresponden a la materia. Es una forma de energía podríamos decir. Es la manifestación de la materia en otra dimensión no visible que está asociada a cada partícula elemental. Es la que, después de la evolución, permite que ese conglomerado de materia llamado hombre, logre la conciencia.
En parte tienen razón aquellos que dicen que la conciencia es anterior a la materia. Será anterior a la materia pero indudablemente también es posterior a ella.
Debemos pensar que más allá de la muerte, más allá de la materia la conciencia existe, también del mismo modo nosotros existimos. Nuestra existencia perdura y lo único que compartiremos con la vida material es la dimensión del tiempo, la línea de tiempo.
Si desaparece el universo, desaparece la materia y la energía, al fin y al cabo sabemos muy bien que la materia es simplemente energía confinada en un espacio físico. Esa energía forma las partículas elementales que luego, después de varias aglomeraciones posteriores, terminan formando los átomos y las moléculas.
O sea, la materia es simplemente energía acumulada en un espacio. Bueno, esa energía dejaría de existir, pero eso que está asociado, esa otra forma de “energía”, la digamos verdadera “partícula de Dios”, que nunca se va a encontrar dado que no es materia, luego de nuestra muerte va a seguir existiendo en esa invisible e inmedible dimensión que sumada a la del tiempo forma una nueva realidad que no es visible desde el mundo material.
